Sí, yo puedo: la historia de una estudiante refugiada

Archivado en: Historias EARTH
Fecha: 30 de septiembre de 2020

En el campo de refugiados de Kiziba, en Ruanda, viven 17 mil personas. Todas y todos son congoleses y huyeron de su país por las mismas razones: una guerra civil violenta y despiadada, el miedo a perder la vida y la certeza de que su casa se había convertido en una amenaza latente. “Nadie deja su hogar a no ser que su hogar sea la boca de un tiburón”, escribió el poeta somalí Warsan Shire. En 1996 la República Democrática del Congo se había convertido en eso, en la boca de un tiburón. Más de cuatro millones de mujeres y hombres perdieron la vida durante una década de guerras e inestabilidad política y social. Fue un genocidio.

Retrato de Solange.

Retrato de Solange.

La familia de Solange Ingabire (Promoción 2024, Ruanda) dejó su casa, sus propiedades y la comodidad de una vida buena que se había desvanecido, para salvarse. Llegaron al Distrito ruandés Karongi y como cientos de miles de personas, se asentaron en Kiziba, el campamento más antiguo de ACNUR establecido en el país. Solange nació justo ahí, cuatro años después de que sus padres y sus cinco hermanos y hermanas llegaran. Nació bajo la condición de refugiada, arrastrando una historia de lucha y resistencia. Nació también con el vigor de mujer libre, con una cabeza llena de sueños y con una actitud perseverante y valiente que le ha permitido romper con estigmas para entablar puentes que la han llevado hacia nuevas oportunidades.

Hace unos meses, Solange recibió una llamada. Desde Costa Rica le anunciaban que había sido aceptada en EARTH, que había logrado pasar todas las etapas de un riguroso proceso de admisión y que sería parte de la Promoción 2024. En esa llamada también le anunciaban que había ganado una beca completa de la Fundación Mastercard que le permitiría dejar su país para viajar a Costa Rica y cumplir su sueño de formarse como Ingeniera Agrónoma. Desde el pequeño espacio que comparte con sus padres y sus hermanos, se escuchaban gritos de felicidad. Solange se había quedado sin palabras, perpleja entre la emoción y el orgullo. Para ella, estudiar en EARTH significa muchas cosas, pero principalmente es una muestra de que, sin importar el contexto y la condición, una persona puede llegar hasta donde sea que se lo proponga. Solange lo hizo, y apenas está empezando.

Solange y sus compañeras en clases virtuales de español con la profesora Azalea Morales.

Solange y sus compañeras en clases virtuales de español con la profesora Azalea Morales.

Usualmente, las y los estudiantes admitidos que no son hispanohablantes, viajan a Costa Rica cinco meses antes de que inicie el curso lectivo para ser parte del Programa de Español e Inducción Cultural, un curso intensivo para la inmersión del idioma y para integrarse a la cultura costarricense. Los estudiantes reciben clases de español en el Campus de Guácimo, Limón, y durante estos meses, viven con familias en las comunidades aledañas. Debido a la pandemia por COVID-19, la nueva generación de estudiantes africanos y del Caribe que están en su proceso de aprendizaje del idioma, no pudieron viajar a Costa Rica con anticipación y están siendo parte del programa de manera virtual.

Solange comenzó las lecciones de español hace dos meses. Gracias a su esfuerzo y al apoyo de sus profesoras y de estudiantes de otras generaciones que le ayudan con la práctica, ella ya puede tener una conversación. Recibe las clases desde el campo de refugiados. Con el apoyo económico de Mastercard, puede tener acceso a internet y electricidad. Los servicios básicos de agua y electricidad son sumamente limitados dentro de Kiziba. Las y los refugiados pagan dinero a otras personas para poder cargar sus artículos electrónicos y entre 50 y 70 familias comparten una misma fuente de agua. El internet también es un recurso limitado al que no todos tienen acceso.

Solange junto a otras estudiantes de la organización ACTS 4 RWANDA.

Solange junto a otras estudiantes de la organización ACTS 4 RWANDA.

Estudiar a la distancia es todo un reto. Estudiar, en general, para una persona congolesa en condición de refugiada, puede ser casi imposible. Conseguir el financiamiento para poder recibir una educación es muy difícil. Mis padres no podían pagar por mis estudios porque no tenían dinero, siempre hacen esfuerzos grandes hasta por conseguir alimentos, por tanto, la educación muchas veces deja de ser una opción para familias como la mía. Yo tuve suerte porque pude ir a la escuela dentro del campamento sin tener que pagar nada, pero llegar a la secundaria fue complicado. No teníamos dinero y yo comencé a perder la esperanza, pero tuve la ayuda de ACTS 4 RWANDA, una organización que da soporte a niños de zonas vulnerables. Ellos vinieron al campamento y yo compartí mi historia y mis sueños. Así fue como logré terminar la secundaria”, cuenta Solange.

De niña, ella y su madre trabajan en una finca. Se dedicaban a preparar la tierra y sembrar cultivos como maíz y patatas. Solange estaba pequeña, pero desde entonces había adquirido un gusto inherente por la agricultura. Sentía pasión por aprender a cuidar las plantas, por entender cómo funcionaban los fertilizantes y ver los cultivos crecer. Desde ese entonces, se esforzó por aprender más sobre biología y química, y buscó oportunidades para poder estudiar Ciencias Agrícolas dentro o fuera de Ruanda. Al terminar la secundaria, Solange se graduó con una especialización en Matemáticas y Biología. Al graduarse de esa forma, cualquier estudiante ruandés tiene derecho a una beca del gobierno para ir a la universidad, pero para ella, por su condición de refugiada, esa no era una opción.

Retrato de Solange.

Retrato de Solange.

Por eso, cuando Solange recibió la llamada de EARTH y las noticias sobre su beca, toda su familia gritaba de emoción. Por eso ella se quedó perpleja y se le fueron las palabras. Supo de EARTH en el 2018, cuando unos amigos hablaban sobre universidades. Supo de inmediato que esa era una posibilidad para ella, una que se adecuaba a su deseo de estudiar Agricultura, a sus ganas de ver el mundo, a su anhelo de crecer como mujer y como profesional. Solange aplicó esperanzada, pero sin tener expectativas concretas, muchas puertas se habían cerrado frente a ella y, aunque confiaba en sus capacidades, tenía miedo de no lograrlo. Sin embargo, lo hizo y ahora espera poder inspirar a otras y otros jóvenes que se encuentran en una circunstancia parecida a la suya.

“Es difícil quitarse de encima el estigma de ser refugiada. Siempre hay menos oportunidades, pero nada es imposible. Ahora me estoy acercando a mis amigos que tienen las mismas luchas para motivarlos a cambiar su forma de pensar. Y es que estoy convencida de que la mejor forma de cambiar el rumbo de tu vida es esa: cambiar tu forma de pensar para decidir hacia donde quieres ir. Yo pude haber dicho ‘soy una refugiada, nunca me van a aceptar en ninguna universidad’, pero no fue así y ahora tengo una beca completa para estudiar en Costa Rica, en una universidad prestigiosa. Entonces, si lo intentas muchas veces y tocas muchas puertas, todo va a estar bien”, dice Solange.

La familia Ingabire

Desde ya, ella trabaja con esmero por su comunidad. Junto a un grupo de amigos y amigas ha dado forma a YES WE CAN, un proyecto en el que crean espacios de diálogo para que los jóvenes se puedan motivar en conjunto, buscar ayuda financiera para su educación y generar ideas y soluciones para las problemáticas cotidianas de la comunidad, como los embarazos adolescentes y la falta de acceso a empleos dignos. Miles de personas se siguen desplazando de la República Democrática del Congo por las olas constantes de violencia y de inestabilidad. Según ACNUR, entre el 2017 y el 2019 más de 5 millones de personas han dejado su hogar para solicitar asilo en países como Angola y Ruanda.  Por tanto, lugares vulnerables como Kiziba necesitan a mujeres empoderadas como Solange. Y las mujeres como Solange merecen la oportunidad de formarse profesionalmente en EARTH, con la promesa de convertirse en lideresas de cambio.

“Después de graduarme quiero regresar a mi comunidad para transformarla de forma positiva. Tengo la esperanza de que seré una inspiración para otros chicos y chicas. Quiero ser una prueba de que, en la vida, sin importar las circunstancias, una puede ser lo que se proponga. Ser refugiada o tener cualquier otra situación de lucha, nada te puede detener para alcanzar tus metas. El camino puede ser difícil, pero nada es imposible”, menciona Solange, que en unos meses se montará por primera vez en un avión, recorrerá medio mundo y vivirá cuatro años en el Campus de Guácimo, para llenarse de conocimientos, de herramientas y de historias. En EARTH tenemos la certeza de que Solange impactará la vida de muchas personas. Confiamos en su valentía y en su capacidad y perseverancia para cumplir sus sueños y para invitar a otros a soñar.