¿Cómo era la vida en EARTH en 1990?

Archivado en: Historias EARTH
Fecha: 31 de julio de 2020

Óscar Arreola (Promoción 1993, Guatemala) nació en las tierras altas de Quetzaltenango. Estuvo en una escuela militar en donde practicó la agricultura durante tres años. Aunque era joven, tenía la certeza de que no quería continuar con una formación militar, así que, cuando los miembros de la facultad de EARTH, Daniel Sherrard y Germán Vargas, asistieron a su colegio para hablar sobre la universidad, con unos papeles que tenían mucho texto y ni una sola foto, Óscar sabía que quería aplicar, que la oportunidad era para él. Y lo fue. Unos meses después empacó sus cosas para viajar junto a otros siete guatemaltecos a Costa Rica y convertirse en un ingeniero agrónomo. Lo recuerda todo fácilmente: el avión, la llegada, la primera comida en la “Soda Tapia”, la sorpresa de escuchar cómo los costarricenses usaban frases como “mi amor” con tanta ligereza. Se ríe con nostalgia mientras recuerda.

Retrato de Oscar Arreola en los años 90.

Retrato de Oscar Arreola en los años 90.

Era un 19 de marzo y en el camino al Campus en la provincia de Limón, en ese primer encuentro entre los 51 estudiantes pioneros, todos iban en silencio. Eran jóvenes, venían de diferentes países, culturas y contextos, tenían incertidumbre y miedo, pero también mucha emoción. Cruzaron el Cerro Zurquí y de repente el paisaje cambió. El aire se volvió espeso y caliente. Llovía como solo llueve en el trópico. Dejaron la carretera principal y se adentraron por un camino de piedra. Por las ventanas veían pastizales verdes y frondosos y el ganado que posaba junto al camino. Entre tanto, Óscar se sentía decepcionado, o asustado, no paraba de cuestionar su decisión y de preguntarse “¿a dónde me vine a meter?”. Habían llegado al Campus y la buseta finalmente paró frente al edificio estudiantil Almendro. Recuerda haber visto montañas de tierra y más pastizales. Recuerda que muchos edificios no existían y otros eran obras grises en donde se aglomeraban trabajadores que ponían cimientos, que pintaban paredes, que daban forma al resto del Campus de Guácimo.

La construcción de la cafetería actual.

Construcción de la cafetería actual.

Llegó a la habitación 103 del edificio Laurel. Podía sentir el olor del barniz, de la pintura fresca, de las sábanas que nadie había usado. Todo era nuevo. Después fue a cenar, la cafetería actual aún no existía y tanto él como el resto de estudiantes, caminaron hasta un edificio mucho más pequeño, cerca de donde ahora se encuentra el complejo deportivo. “No existía la piscina, ni el gimnasio, ni el edificio de aulas que ahora llamamos Académico Uno. No existía la biblioteca, ni Rectoría”, cuenta. Lo que existía y estaba latente era la promesa de que ese espacio, que parecía tan lleno de vacíos, se estaba convirtiendo en una institución que transformaría la vida de miles de personas en todo el mundo, incluida la de Óscar.

Una clase con el profesor Daniel Sherrard.

Una clase con el profesor Daniel Sherrard.

En la semana de orientación conocieron a todo el personal y a todas las personas que vivían dentro del campus. Desde entonces, se crearon vínculos fuertes y un sentimiento de familia y hogar que ha perdurado durante 30 años. En un principio, los estudiantes no tenían permitido salir del campus y según Óscar, eso les dio tiempo para conocerse entre ellos, y también para querer, como a familiares y amigos, a profesores y funcionarios como Carlos Burgos, Irio Molinari y Daniel Sherrard. Los pioneros vieron como la Universidad crecía, como los edificios se inauguraban y como nuevos miembros de la facultad llegaban para vivir ahí con sus familias. Vieron como los pastizales se convertían en bosques y en fincas didácticas. Y no solo lo vieron, trabajaron arduamente para que los espacios fueran lo que son hoy.

Construcción de los edificios residenciales.

Construcción de los edificios residenciales.

1990 fue un año intenso para ese grupo de estudiantes. Había un televisor que no conseguía tener señal de los canales locales y había un VHS con tres películas. Una de ellas era Pretty Woman, Óscar la vio tres veces. A veces los retos eran esos: entretenerse, cuidarse, conocerse.  Óscar dice que el apoyo era constante por parte de toda la comunidad. Dedicaban su tiempo al estudio, al trabajo y a explorar el espacio. A veces cometían travesuras de jóvenes, como caminar varios kilómetros a escondidas para ir a Pocora, el pueblo más cercano, y conocer a los vecinos del lugar. Era un proceso de aprendizaje mutuo para la facultad, funcionarios y estudiantes. Se retroalimentaban constantemente y crecían juntos, como una gran familia.

Pioneros y pioneras en el campus de Guácimo.

Pioneros y pioneras en el campus de Guácimo.

“Lo más valioso de la convivencia fue aprender a tener libertad con responsabilidad. Eso nos daba una sensación de seguridad, de que podíamos, dentro de las normas, tomar nuestras propias decisiones y hacernos cargo de las consecuencias. Yo venía de una escuela militar y de repente estaba en EARTH y sentía que me daban la opción de escoger, de crecer y de ser libre. También me gustaba la cercanía que había entre todos, principalmente con quienes eran las autoridades en esa época. Había un interés genuino por parte de ellos y ellas para que los estudiantes estuviéramos bien. Esa confianza y cariño hacían que nosotros desarrolláramos una mayor conciencia social pero no solo a nivel agrícola, sino desde la empatía y el respeto hacia la vida de las demás personas”, cuenta.

Oscar en su presentación de proyecto empresarial, junto al profesor Carlos Murillo.

Oscar en su presentación de proyecto empresarial, junto al profesor Carlos Murillo.

Óscar sigue todos esos valores inculcados en EARTH en su vida cotidiana, aún y con el pasar del tiempo. Ahora mismo está en Alemania, en donde tiene una empresa de importación y distribución de café, panela y cacao. Esos productos provienen de una cooperativa guatemalteca que integra a 1,750 agricultores, todo es comercio directo y justo, y los productores siguen prácticas agrícolas sostenibles y responsables con el medio ambiente. En su trayecto profesional, él ha sido un líder de cambio en diferentes trabajos y países, y hoy en día, apoya a EARTH y a los nuevos estudiantes de la forma en que le sea posible: “En los últimos años creo que algunos estudiantes sintieron en mí un cariño paternal; hasta la fecha sigo en contacto con algunos de ellos e inclusive, a una estudiante la recomendé para que hiciera su pasantía en la Federación de Cooperativas de Guatemala. Para mí es natural devolver a la Universidad al menos un poco de lo mucho que me ha dado”.

La promoción de 1993.

La promoción de 1993.

También cuenta que formarse en EARTH fue una experiencia transformadora, que de ahí obtuvo los principios y fundamentos para ser una persona tolerante, respetuosa y empática. Dice que fue entre las fincas, las aulas y la residencia estudiantil de la Universidad en donde entendió que el respeto va más allá del espacio ajeno, y que también significa escuchar y entender las ideas, las emociones y las historias de las otras personas. Afirma que vivir en un espacio multicultural, con puntos de vista tan diversos, hace que cada estudiante tenga una visión más amplia del mundo, una visión más sensible y generosa hacia otras realidades. Dice también, que convivir en ese campus que en aquel entonces estaba tomando forma, lo empujó a él y a todos y todas quienes eran parte de la experiencia y el espacio, a tener un sentimiento permanente de comunidad, a cuidarse, a dialogar y escucharse, siempre que fuera necesario.

Oscar junto a su esposa Julia y sus hijos Liam y Nico, en Alemania.

Oscar junto a su pareja Julia y sus hijos Liam y Nico, en Alemania.

Óscar Arreola y sus compañeros vivieron los desafíos de un primer año lleno de aventuras y cuestionamientos y, ellos y ellas, junto a la comunidad que los acompañaba, trazaron un camino seguro para que las siguientes generaciones pudieran seguir sus pasos y transformar al mundo en un lugar mejor.