Historias EARTH

Las mujeres que sostienen al mundo

Una profesora que reivindica la labor del cuido y balancea su carrera profesional con la maternidad. Una graduada que construye nuevas oportunidades y fortalece las voces del territorio rural. Una estudiante que ha liderado espacios dominados por hombres. Una funcionaria que ha conseguido hacerlo todo: estudio, trabajo de hogar, labores institucionales, tiempo para sí misma. Daniela, Mayra, Arianna y Olga son cuatro de las cientos de voces de mujeres que forman parte de EARTH y que, con grandes y pequeñas acciones, sostienen y transforman el mundo. 

En el marco del Día Internacional de la Mujer, compartimos sus historias:

La que materna y enseña

Para Daniela Astorga, profesora de Salud, Bienestar y Desarrollo Humano, no se puede hablar de género sin abordar el cuido y la maternidad. No porque todas las mujeres son o deban ser madres, aclara, sino porque a pesar de los cambios socioculturales a nivel mundial, el rol del cuido sigue vinculado a la experiencia femenina. Aunque ese trabajo doméstico pueda ser una carga pesada para las mujeres, Daniela cree que hay cualidades únicas que deben ser aplaudidas, como la capacidad de realizar las labores “silenciosas” y muchas veces invisibles dentro del hogar y, a la vez, mantenerse persistentes para poder estudiar, tomar una posición de liderazgo, salir a trabajar fuera de casa. 

Un día, en medio de una reunión de la facultad de EARTH, su hija llegó a buscarla. Yanine Chan, decana de la Universidad, se encontraba al frente y fue quien vio a la niña en la puerta y quien la invitó a pasar al salón para sentarse junto a su madre. Ese pequeño gesto significó muchísimo para Daniela y le reforzó algo que sostiene: las mujeres deben contar con ese apoyo estructural en todas las áreas, deben contar con redes, personas, líderes que hagan a las mujeres sentirse acuerpadas mientras ellas ejercen los distintos roles que forman parte de sus vidas. 

“Las mujeres, y principalmente las madres, necesitamos más empatía, como ese gesto tan bonito que tuvo Yanine, esas pequeñas acciones te hacen sentir acuerpada para seguir adelante”, cuenta. 

La que construye y lidera

Mayra Ruíz (Promoción 2000, Colombia) viene de una familia caficultora. Los conocimientos sobre el cultivo y la producción de café de alta calidad llegaron a ella siendo joven, como representante de una cuarta generación que mantiene viva esa tradición. Al graduarse de EARTH, quiso regresar a su pueblo y continuar con la labor cafetalera, sin embargo, el conflicto armado en su país hizo que Mayra tuviese que poner en pausa, por un tiempo, el sueño de volver a casa. Mientras tanto, trabajó en proyectos de desarrollo agrícola para impulsar la agroecología y la diversificación productiva. Más adelante, dirigió iniciativas de exportación agrícola en Bogotá y coordinó procesos en el sector cafetero en Tolima, uno de los departamentos más importantes para la producción de café en Colombia.

Abrirse paso como mujer en espacios históricamente masculinos no fue sencillo. “Cuando una mujer llega a estos ámbitos, muchas veces lo hace desde la duda que otros tienen sobre su capacidad”, explica. Para Mayra, cada decisión que tomaba debía ser justificada con resultados. Y cada propuesta implicaba un doble esfuerzo para ganar legitimidad. Aunque el trabajo fue arduo, valió la pena. 

Hace 11 años tomó una decisión que marcó un nuevo capítulo: regresar, finalmente, a su pueblo natal. Hoy lidera un proyecto de café de especialidad que integra producción, exportación y desarrollo e integración comunitaria. Trabaja con jóvenes rurales, impulsa procesos educativos en escuelas y promueve la conservación ambiental dentro del territorio. Según Mayra, la educación no debe ser  solo una herramienta individual de movilidad social, sino un compromiso colectivo con las comunidades de origen. Esa es una idea que abraza y así es como vive su liderazgo. 

La que comunica y empodera

Arianna Gutiérrez Cevallos (Promoción 2026, Ecuador) tiene dos hermanos agrónomos. Tal vez por eso, en un inicio, quiso seguir otro camino. Uno distinto al que conocía a través de ellos, sin embargo, después de vivir una experiencia inmersiva antes de tomar una decisión certera sobre su trayectoria profesional, descubrió que las Ciencias Agrícolas podían darle un espacio para acercarse a las comunidades y para construir su propia identidad. “Siento que la agronomía es un mundo en el que jamás vas a dejar de aprender y jamás te vas a aburrir”. 

En su paso por EARTH, Arianna ha asumido roles de liderazgo en distintos proyectos académicos. Durante la Pasantía que realizó en el tercer año de carrera, tuvo la oportunidad de coordinar la construcción de un invernadero junto a un equipo compuesto mayoritariamente por hombres. En ese proceso, no todas las indicaciones que ella les daba fueron recibidas con apertura, sino que se tuvo que enfrentar a comentarios irónicos y cuestionamientos a su autoridad. Lejos de retroceder, Arianna fortaleció su manera de comunicar y defender sus criterios técnicos. Entendió que el liderazgo también implica sostener la voz propia, incluso cuando el entorno no está acostumbrado a escucharla en una mujer joven.

A unos meses de graduarse, un sueño comienza a tomar forma: quiere regresar a su pueblo para impulsar modelos de economía circular, para compartir sus conocimientos en prácticas agrícolas sostenibles y para apoyar a pequeños productores. Cree en una agricultura con enfoque social y ambiental, y en la necesidad de que más mujeres participen en la toma de decisiones dentro del sector agropecuario.

La que sueña y persevera

Olga Brenes Reyes comenzó a trabajar en EARTH hace 30 años, cuando ella apenas tenía 20. Era la madre de un niño pequeño que estaba aprendiendo a caminar y a decir sus primeras palabras, y aunque ella también estaba joven, desde ese entonces tuvo que aprender a combinar las responsabilidades de la maternidad y del hogar con las de una nueva oportunidad laboral que la llenaba de ilusión. 

Así fue como empezó a trabajar en la central telefónica de la Universidad, mientras aprendía a hacer malabares con el tiempo para poder dejar la comida hecha, la ropa lavada, la casa en orden. Recuerda que dormía poco, pero que aun así, el trabajo le daba autonomía económica y el ímpetu de querer aprender cosas nuevas. Con el tiempo, pasó a trabajar como Asistente Administrativa en la Unidad de Mantenimiento, en donde durante años fue la única mujer del equipo. Y aunque era la única, siempre se sintió respetada. 

Olga ha visto crecer la institución, ha sido testigo del paso de casi todas las promociones graduadas y de la transformación de los espacios físicos del Campus Guácimo. Ella también ha crecido: tuvo otros hijos a los que ama, nietos que le han cambiado la vida y oportunidades que la han fortalecido, como lograr terminar la escuela secundaria y aprender otro idioma. Ahora se prepara para un nuevo reto: obtener un título universitario para la enseñanza del inglés. Su historia habla de constancia, disciplina y de una fuerza silenciosa que sostiene tanto la vida familiar como la institucional.

Cuatro historias distintas, cuatro trayectorias marcadas por decisiones valientes, aprendizajes y persistencia. Desde el aula, el territorio rural, los proyectos académicos o las labores administrativas, Daniela, Mayra, Arianna y Olga representan a las muchas mujeres que, día tras día, sostienen comunidades, familias e instituciones. Reconocer su trabajo no es un gesto simbólico: es un paso necesario hacia una sociedad más equitativa.

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