Un círculo perfecto: agricultura de Mandala

Archivado en: Historias EARTH
Fecha: 13 de agosto de 2013

 

Una piedra entra de lleno en el agua y crea círculos concéntricos que se expanden más allá. Heiner Castillo, administrador académico y director de la Finca Integrada Orgánica de EARTH, demuestra así cómo el cultivo mandálico está basado en los patrones naturales del mundo.

“Mandala” dice, “significa en sánscrito ‘círculo sagrado de energía’ o bien, ‘energía vital del universo’”. Aunque el nombre le da a la finca un elemento de misticismo, la práctica también se encuentra basada en la ciencia. La filosofía es simple: si la energía es la fuerza conductora detrás del cambio y de la creación, entonces deberíamos hacer lo mejor para canalizarla en torno nuestro y “crear un ambiente con una mejor armonía”, asegura Heiner.

Nadando con la corriente

¿Cómo podemos aplicar el principio de Mandala a la siembra? Heiner explica que un diseño circular “permite a la energía fluir alrededor de los cultivos de manera natural”. De hecho, según señala, muchas de las masas de energía en nuestro planeta a menudo se expresan en patrones circulares, como los tornados, los remolinos marinos y los huracanes.

 

La poza ubicada en el medio también funciona como hogar para tilapias y patos, los cuales sirven como fuente de proteínas.

La siembra mandálica en la finca orgánica de EARTH cuenta con nueve anillos de cultivos alrededor de una poza. En este aspecto, el diseño busca reflejar el concepto anterior de un sistema solar de nueve planetas. Así, en el lugar del sol la poza funciona como centro de energía y provee una fuente de irrigación, lo cual le permite a los agricultores ahorrar dinero y energía que, de otra manera, deberían invertir en otros sistemas. La poza también funciona como hogar para tilapias y patos, los cuales sirven como fuente de proteínas.

Alimentando familias y comunidades

Los anillos de cultivos tienen tres propósitos: alimentar a la familia, suministrar productos para la comunidad (para intercambiar o vender en el mercado) y evitar la erosión del suelo ocasionada por el viento.

El cultivo mandálico comenzó en Brasil, con la idea de fortalecer la economía de las  comunidades rurales y la seguridad alimentaria en caso de sequía. Un estudiante de EARTH, quien realizó una pasantía en la Agencia Mandala en Brasil, trajo la idea a la Universidad y, desde entonces, ha florecido. De hecho, Heiner asegura que se ha convertido en “una herramienta importante para nosotros”.

“Realmente une conceptos fundamentales, tanto orgánicos como institucionales, con los que trabajamos en EARTH junto con los estudiantes”, reflexiona. “Es una estrategia para aumentar la eficacia del suelo y, además, cuenta con un concepto filosófico muy fuerte. Así, nos ayuda a compartir con los estudiantes que, detrás de todo aquello que hacemos, siempre hay una razón. No se trata sólo de agricultura, sino también de una buena estrategia para promover la seguridad alimentaria y el desarrollo comunitario, todo en un huerto chiquito y atractivo a la vista”.

¿Cuál es la idea detrás de eso? Primero, las familias aprenden sobre nutrición, con el fin de plantar cultivos que aporten nutrientes y que, idealmente, sean también sabrosos. En la finca de EARTH, los primeros tres círculos internos producen camote, mandioca, frijoles, piña y pimiento (todos parte de la dieta tradicional caribeña de la zona). Las familias pueden completar los requerimientos nutricionales con proteína de la poza: huevos de pato, la carne de éste o pescado.

En la finca de EARTH, los primeros tres círculos internos producen camote, mandioca, frijoles, piña y pimiento mientras que los tres círculos exteriores, se pueden sembrar cultivos para vender en el mercado o intercambiar con los vecinos

En los tres círculos exteriores, se pueden sembrar cultivos para vender en el mercado o intercambiar con los vecinos. De esta forma, los lazos en la comunidad se protegen y fortalecen.

En los anillos más lejanos es posible encontrar plátano y banano, cultivos que viven por varios años y cuya altura protege al sembradío del viento (a veces también pueden sustituirse por árboles). A pesar de esta función, estos círculos son los menos esenciales de acuerdo con la lógica mandálica. En teoría, si el agua escasea, un productor debe sacrificarlos primero y ya, sin los anillos exteriores, la familia podría aún tener cultivos con los cuales alimentarse o negociar. En todo caso, incluso con sólo los tres círculos internos, se podría continuar produciendo lo suficiente para una manutención básica.

 

Relevancia cultural y respeto por las tradiciones ancestrales

Cultivar un sembradío mandálico es más que producir alimentos. “Respetamos también el conocimiento ancestral de nuestros abuelos”, asegura Heiner, mientras señala plantas de jengibre. Por generaciones, las familias locales han elaborado té de jengibre para tratar los resfriados. La inclusión de estos cultivos demuestra un respeto importante por la herencia cultural.

La becada de La Fundación MasterCard Liliana Armero Guerrero (Promoción 2015, Colombia) también relaciona sus orígenes con el Mandala. En una hoja de papel, dibuja un remolino que denomina “churo cósmico”. El símbolo es tradicional entre las comunidades indígenas del sur de Colombia, incluyendo su comunidad natal. Para Liliana, es vital cómo con la siembra mandálica los productores pueden utilizar no sólo la energía proveniente de la tierra, sino también del cielo.

“Aquí se trata de buscar nuevos modelos a través de los cuales se puede aprender que existe algo más allá de  los monocultivos”, comenta. “Vale la pena y se pueden obtener buenos resultados. Es más viable a nivel familiar y es útil económicamente”. Liliana espera trabajar aun más en las próximas semanas en la finca orgánica integral durante su módulo de Experiencia de Trabajo.

“Haciendo arte con la agricultura”

Liliana no es la única estudiante a la cual le ha llamado la atención la finca mandálica. David Molina (Promoción 2015, Costa Rica) ha compartido con otros esta práctica de forma entusiasta. Como miembro del Club Agroecológico estudiantil, ha colaborado con otros jóvenes en establecer un sembradío mandálico detrás de los dormitorios estudiantiles. Asimismo, ha ayudado a comunidades a instalar sus propias fincas mandálicas a lo largo del país, incluyendo el grupo de Mujeres Mandala, en la provincia de Cartago.

David comulga con la siembra mandálica por muchas razones; le gusta la forma en que los sistemas agrícolas y acuáticos se complementan. Un sapo cerca de la poza, explica, puede a la vez fertilizar el cultivo y acabar con insectos portadores de enfermedades. También afirma que las huertas mandálicas cuentan con el potencial de ser una fuente de alegría para la gente.

David afirma: “Es una atracción turística que, además de ser bello, puede usarse en proyectos ecológicos o de agricultura sostenible”. Así, motiva a los agricultores a jugar con los colores y embellecer el sembradío. “Algo que el Mandala nos ha permitido a mí y a otros colegas es poder crear arte a través de la agricultura; la gente se divierte”. Con su capacidad de motivar en ocasiones a la meditación, la creatividad ayuda a relajarse y cargar energías.

David ve, asimismo, algo poderoso en los sembradíos mandálicos: pueden atraer gente joven a la agricultura. Muchos van a las ciudades para trabajar pero, de acuerdo con su experiencia, ya conoce a varios que también están creando huertas mandálicas en espacios urbanos.

De acuerdo con su opinión, el Mandala es un “regreso a los orígenes de los lazos de la humanidad con los suelos y la tierra”, con muchas otras nuevas posibilidades.