Trabajando por la accesibilidad de la Agricultura de Precisión en Guanacaste

Archivado en: Historias EARTH
Fecha: 6 de abril de 2018

La agricultura de precisión (AP) es el método mediante el cual los agricultores aplican la cantidad correcta de insumos en el momento adecuado y el lugar exacto a una parcela. Involucra el uso de herramientas para obtener resultados en tiempo real, como sistemas de posicionamiento global (GPS), vehículos aéreos no tripulados, cámaras especializadas, entre otros, que le dan al productor datos que le ayuda a reducir el uso de insumos y el impacto en el medio ambiente.

En mayo de 2016, el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) aprobó la creación de un proyecto para el establecimiento de un Centro de Agricultura de Precisión (CAP) para los agricultores de Guanacaste, ubicado en el campus EARTH La Flor, en Liberia, Guanacaste, Costa Rica.

Esto con el objetivo de mejorar la productividad en las actividades agrícolas de pequeños y medianos agricultores, definidos como beneficiarios de la Ley N° 9274 en la Región Chorotega.

El sector agropecuario en Guanacaste abarca 80.260 hectáreas, área que corresponde al 16% del total agropecuario productivo del país y brinda trabajo directo a unas 28.000 personas. Sus principales cultivos son la caña de azúcar, el arroz y el melón.

El Centro de Agricultura de Precisión

El equipo  del CAP: Karim Abdalla y José Eduardo Villalobos (arriba en la foto, de izquierda a derecha) y Johan Perret junto a Carol Fuentes (agachados).

El equipo del CAP: Karim Abdalla y José Eduardo Villalobos (arriba en la foto, de izquierda a derecha) y Johan Perret junto a Carol Fuentes (agachados).

Actualmente, en el CAP trabajan José Eduardo Villalobos (Promoción 2011, Costa Rica), Karim Abdalla (Promoción 2016, Costa Rica) y Carol Fuentes (Promoción 2016, Costa Rica) y Johan Perret, profesor de suelos en EARTH.

Las nuevas tecnologías de información permiten documentar condiciones de producción y la realización de inventarios de nutrientes para que se apliquen las cantidades necesarias temporal y espacialmente. Además de que ayuda a la eficiencia de otros factores como el riego. Esto es de vital importancia para una provincia como Guanacaste, donde las condiciones secas abundan durante la mayor parte del año.

Como beneficios del proyecto se plantearon: la creación de infraestructura tecnológica y bases de datos para que micro, pequeños y medianos empresarios tengan mejores prácticas de producción y la documentación para mejorar la resiliencia de las operaciones agrícolas ante el cambio climático para los productores.

En el ámbito de las instituciones públicas, la capacitación que conlleve a que los gobiernos inviertan en un mayor uso de la tecnología para la agricultura sostenible.

Otro beneficio es a la hora de estimular y promocionar la agricultura de precisión en instituciones educativas, motivando a los jóvenes a optar por una carrera agrícola.

En cuanto a los emprendedores, se espera que el conocimiento en el tema les haga portadores de información, se incentive la creación de más pequeñas empresas y que formen una red de apoyo entre todas, para que trabajen en conjunto aportando al sector productivo.

¿Cómo trabaja el CAP?

El proceso de recolección de datos para trabajar con agricultura de precisión se puede dividir en doce pasos:

1. Se seleccionan las áreas de trabajo. De cada propiedad participante, la mitad será tratada tradicionalmente por el agricultor, la otra mitad será manejada con agricultura de precisión, al final se comparan ambos resultados.
2. Las muestras georeferenciales se toman en cuatro niveles: suelo, planta, dron y satélite, lo que permite el análisis comparativo de la información.
3. Nivel del suelo: análisis químico del contenido de nutrientes en el suelo, así como de las propiedades físicas tales como textura, color, humedad, densidad, porosidad, etc.
4. Nivel de la planta: análisis químico del contenido de nutrientes dentro de la planta, así como información a lo largo de todo el espectro electromagnético.
5. Nivel de drones: las cámaras multiespectrales, térmicas y RGB toman fotos de la parcela.
6. Nivel de satélite: permite la descarga de imágenes correspondientes a las fechas de las muestras.
7. En el laboratorio, las fotos capturadas por drones se editan y organizan en un mosaico, formando una imagen más grande.
8. Las fotos se usan para hacer mapas que facilitan las observaciones (por ejemplo, de nutrientes y su distribución en el área), señalando así cualquier cobertura o riesgos presentes.
9. Se crean mapas de fertilización con información sobre la dosificación de nutrientes y la distribución óptima.
10. Todos los mapas preparados y la información recopilada se entregan al agricultor, donde el Centro discutirá las decisiones de gestión de parcelas con ellos.
11. Un plan de manejo de parcelas se extrae de las recomendaciones, y se hacen mapas simplificados.
12. Con los mapas simplificados, las zonas de aplicación se miden y marcan. Las entradas se aplican y luego los resultados se pueden analizar.

Así se ve un análisis de zinc a nivel suelo de una de las parcelas. Como podemos ver, la mayor parte presenta una deficiencia de este metal, mientras que la esquina inferior izquierda y un fragmento al lado derecho están en el rango óptimo.

Así se ve un análisis de zinc a nivel suelo de una de las parcelas. Como podemos ver, la mayor parte presenta una deficiencia de este metal, mientras que la esquina inferior izquierda y un fragmento al lado derecho están en el rango óptimo.

Desde hace un año, el CAP trabaja con 10 parcelas en Guanacaste que fueron seleccionadas según una matriz que las clasifica acorde a criterios establecidos.

El CAP también trabaja con instituciones educativas con el objetivo de motivar a los jóvenes a estudiar carreras agrícolas.

Conoceremos tres casos, donde los protagonistas nos contarán su trabajo con el CAP y los beneficios que les ha traído la agricultura de precisión: Andrés Vásquez, productor de arroz a gran escala; Luis Guillermo Núñez, docente en enseñanza de las ciencias agropecuarias del Colegio Técnico Profesional de Liberia; y Miguel Salazar, un pequeño productor arrocero de Bagaces.

La innovación del Eco Arroz.

Andrés Vásquez es ingeniero agrónomo egresado del Tecnológico de Costa Rica. Comenzó sus pruebas para la producción de arroz libre de pesticidas al tener peces cerca de las plantaciones, por lo que no podía utilizarlos.

“Empecé a experimentar con ciertos elementos biológicos para controlar insectos y bacilos o bacterias para contrarrestar hongos. Fue tan exitoso que decidí convertir toda mi producción para diferenciarme del resto, y lograr una diferenciación en el precio final del producto”.

Al lograr implementar exitosamente la producción de arroz libre de pesticidas en sus 300 hectáreas, el Ministerio de Agricultura y Ganadería de Costa Rica le otorgó la Medalla del Mérito Agrícola en 2016 por producir arroz sin químicos.

Con respecto a los beneficios de la agricultura de precisión que ha podido ver en su finca, Andrés menciona que están utilizando más fertilizantes en la parcela optimizada, además de fósforo. Aclara que, “la agricultura de precisión es interesante e importante porque empiezas a ahorrar y a usar los recursos que se necesitan en el punto en que es indicado. Es algo que me emociona por saber cómo irá a resultar, además de que es un proceso complicado, pero nos da muchas ventajas”.

Entre esas ventajas, la parcela registró incrementos de cosecha por un 33% en sacos secos y limpios por hectárea y ha aumentado las utilidades en hasta $200 por hectárea. En la foto, Andrés Vásquez.

Entre esas ventajas, la parcela registró incrementos de cosecha por un 33% en sacos secos y limpios por hectárea y ha aumentado las utilidades en hasta $200 por hectárea. En la foto, Andrés Vásquez.

 

Ante este panorama tan favorable, Andrés no ha querido quedarse con los brazos cruzados y su meta es que los demás productores de cualquier cultivo, se animen tanto a eliminar los pesticidas como a implementar la agricultura de precisión, sin importar el tamaño del terreno que posean.

“Yo voy a dar charlas a las universidades o los estudiantes me visitan y yo con mucho gusto siempre los recibo. También doy capacitaciones a los agricultores porque, al final, a mí lo que me interesa no es solo mi producto, sino que a gente se motive a producir más limpio, porque ganamos como planeta, es más sano, los empleados ya no andan con las bombas llenas de veneno a la espalda, y te garantizas que no estás comiendo veneno. Sería muy egoísta no decirle a los demás cómo hago yo las cosas y no avanzar ni separarnos de la producción con químicos y los chips antiguos. Muchos productores no es que no piensan en el planeta, sino que no saben cómo producir de una manera más sostenible”.

Andrés tiene 21 años de trabajar en el mercado de la producción de caña, pasto y arroz. Es fanático de la investigación y es por eso que al ser tomado en cuenta para ser parte de las parcelas optimizadas por el CAP, aceptó con gusto. Al final, la exactitud de los cálculos resultará en un arroz con más nutrientes y más sano.

“Una planta balanceada y sana se enferma menos, hay que aplicarle menos productos. Todo suma”, cierra Vásquez.

La agricultura necesita enamorar a los jóvenes:

El Censo Nacional Agropecuario realizado en 2014 por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), reveló que la edad promedio de los trabajadores agrícolas es de casi 54 años y el 22% de los encuestados tiene más de 65 años.1

Para el Ministerio de Educación y los docentes de la región de Guanacaste, es importante que los jóvenes aprecien la profesión agrícola, se quiten los prejuicios que tienen hacia ella y que quieran mantener y perpetuar el trabajo que han hecho (en muchos casos) sus padres.

Como parte de las actividades motivacionales, los profesores le piden a los estudiantes representaciones a escala de ideas que implementarían en el colegio. En este caso, uno de los estudiantes realizó una maqueta de un invernadero y un sistema hidropónico. “Esto hace que los muchachos visualicen los proyectos y quieran hacerlos en tamaño real y así, con la investigación que hacen para armar la maqueta, cuando llegan a la parte teórica ya han aprendido muchos de los conceptos por su cuenta”, dice el profesor Núñez.

Como parte de las actividades motivacionales, los profesores le piden a los estudiantes representaciones a escala de ideas que implementarían en el colegio. En este caso, uno de los estudiantes realizó una maqueta de un invernadero y un sistema hidropónico. “Esto hace que los muchachos visualicen los proyectos y quieran hacerlos en tamaño real y así, con la investigación que hacen para armar la maqueta, cuando llegan a la parte teórica ya han aprendido muchos de los conceptos por su cuenta”, dice el profesor Núñez.

Para esto, el CAP decidió trabajar con el Colegio Técnico Profesional de Liberia, para buscar motivar a los muchachos con un enfoque tecnológico y subrayando la realidad de que la agricultura es una necesidad para la alimentación del mundo.

Según la FAO, de aquí al 2050 se deben producir 70% más de alimentos para nutrir a 2300 millones de personas adicionales. Además, actualmente 1300 millones de toneladas de comida se desperdician al año (esto es 1/3 de la producción mundial).

Estamos trabajando para quitar los prejuicios hacia los agricultores y la agricultura en general. Hay muchas profesiones que necesitan de ellos, y también los jóvenes deben entender que la agricultura tradicional ha cambiado radicalmente, ya no es solo pico, pala y machete, sino que existen muchísimos métodos de producción”, dice Luis Guillermo Núñez Canales, docente en enseñanza de las ciencias agropecuarias, del centro educativo mencionado.

En secundaria, los chicos del primer nivel (séptimo) al tercer nivel (noveno) llevan asignaturas generales, tanto de materias agrícolas como otras enfocadas a los servicios, entre estos el turismo, contabilidad y secretariado, conocidos como talleres exploratorios. En esta etapa los estudiantes descubren sus afinidades y al llegar al cuarto nivel (décimo) deben decidir una especialidad, que se llevará por los siguientes tres años.

Desafortunadamente, en años anteriores los estudiantes han escogido mucho menos las especializaciones agrícolas, al punto en que algunas han dejado de ofrecerse. Aquí es donde entra el CAP.

 “Primero nos han ayudado con que los chicos utilicen más los equipos pues nosotros no tenemos los recursos económicos para, por ejemplo, adquirir drones. La interacción práctica que tienen los estudiantes es súper valiosa, y aprenden las cosas haciéndolas, que es básicamente una de las premisas de EARTH. El Ministerio (de Educación) te dice: ‘esto es un muestreo, así se hace, estos son los tipos de suelo’ y ya.

Cuando los chicos van al campo, deben realizar las tareas con la supervisión del CAP, son un miembro del equipo y hasta han tenido que afrontar retos reales a la hora de hacer los trabajos”, cita Núñez.

José Eduardo durante una de las capacitaciones con un estudiante del CTP Liberia.

José Eduardo durante una de las capacitaciones con un estudiante del CTP Liberia.

Las materias disponibles son agroecología, agropecuaria en producción agrícola, agropecuaria en producción pecuaria, riego y drenaje y agrojardinería, y los muchachos parecen particularmente interesados en las especialidades que tienen que ver con la producción animal.

“Tratamos de inculcarles que ellos pueden escoger especialidades que son necesarias para todos aquí en la zona. Quienes trabajan en otras cosas necesitan alimentarse. Los chicos que han trabajado con el CAP están muy motivados, e incluso cinco quieren aplicar a EARTH.

Otra cosa que nos ha motivado montones es el número de mujeres interesadas en continuar con sus estudios; muchas no tenían una visión más allá que terminar el colegio y ser madres de familia”.

Esto es sumamente importante en una provincia como Guanacaste que afronta la problemática del embarazo adolescente, en donde de 1000 mujeres entre 10 a 17 años, 22 de ellas dan a luz.2

“Se les enseña que no necesitamos una extensión de terreno grande, que podemos producir vertical, podemos tener animales en sistemas estabulados. Hacemos conciencia porque también tenemos chicos cuyos padres tienen grandes extensiones; el aprendizaje les hace pasarle conocimientos a sus mayores, como el aprovechamiento de la tierra y del recurso hídrico de una mejor forma”, cierra Luis Guillermo.

“Necesitamos que los muchachos aprovechen el espacio en las clases para que entiendan que vienen de una zona agrícola y que pueden usar los recursos a su alcance para crear una profesión exitosa”. Acá, los estudiantes del Colegio posan durante una de sus giras a La Flor.

“Necesitamos que los muchachos aprovechen el espacio en las clases para que entiendan que vienen de una zona agrícola y que pueden usar los recursos a su alcance para crear una profesión exitosa”. Acá, los estudiantes del Colegio posan durante una de sus giras a La Flor.

 

El tamaño importa: el pequeño productor también puede.

Miguel Salazar tiene 19 años de ser productor de arroz en el Asentamiento Tamarindo, en Bagaces, Guanacaste. En sus cinco hectáreas y media de terreno, le da trabajo a cuatro personas.

Su finca fue seleccionada para ser parte del estudio con AP, pero por una desincronización, no pudieron ver los primeros resultados en la cosecha anterior. Debido a esto, esperarán a compararlos hasta la que sigue, a finales de abril, aunque él sí ha participado de todo el proceso de capacitación.

“Estoy muy contento de haberme integrado a esta investigación con ellos. Tenemos la mitad del lote con un manejo dirigido por ellos (optimizado) y la otra mitad hecha como yo siempre lo hago. Afortunadamente, también tengo asistencia técnica de un ingeniero agrónomo”, dice don Miguel.

Aunque no tienen resultados tangibles tras la aplicación de los insumos de la agricultura de precisión, don Miguel puede distinguir diferencias a simple vista: hay plantas más vigorosas, con mejor color y más parejas unas con otras. Aunque si hay algo que ha aprendido él en este año, es que no se trata solo de ver, sino de medir.

En este sentido, uno de las costumbres que el CAP quiere inculcar en los pequeños productores, es llevar el control de lo que hacen: cuándo aplican los fertilizantes, cuándo germinan las plantas, cuándo cosechan, etc.

Añadido a esto, los productores deben enfrentar los estragos del cambio climático en sus pequeñas parcelas. Este año, los meses de enero a marzo han sido particularmente ventosos y, según Salazar, para esta época el verano generalmente había empezado su época más seca: “Ahora el viento nos tira las plantas y afecta también en cómo se esparce la semilla”.

Aparte de esto, la época de lluvia es más fuerte, inundando los campos de cultivo, lo que significa la pérdida de las cosechas. En el 2017, la zona de Guanacaste también sufrió de los estragos de la tormenta Nate, que afectó directamente 3.000 hectáreas de arroz sembrado a nivel nacional.

“Con tantos años de ser productor, juré que esta cosecha no me iba a salir después del huracán Nate. El problema con el cambio climático es que viene a aminorar nuestras ganancias y encarecer los costos del producto”.

Esto es preocupante en una producción como la del arroz, puesto que los precios del saco los determina la calidad del grano, más que la cantidad (que sea entero, orgánico, más saludable, libre de pesticidas, que no tenga consistencia “yesosa”, etc.).

“Nosotros como agricultores vivimos mucho de la esperanza, y estos cambios (del clima) nos están haciendo rezar más de la cuenta, así como también cada invierno pedimos que no llueva tanto y luego nos enfrentamos a un huracán tras otro”, dice Salazar.

“Nosotros como agricultores vivimos mucho de la esperanza, y estos cambios (del clima) nos están haciendo rezar más de la cuenta, así como también cada invierno pedimos que no llueva tanto y luego nos enfrentamos a un huracán tras otro”, dice Salazar.

 

Por esto, los productores deben garantizar que la producción, aunque sea a pequeña escala, se diferencie de la demás de alguna manera. Don Miguel espera que con la aplicación de la agricultura de precisión, su arroz tenga más minerales y el manejo optimizado de su finca le haga obtener granos más saludables y aprovechables.

“Nosotros como productores de arroz estamos muy comprometidos con ser competitivos y tener buenas producciones. Yo le insto a los demás agricultores que trabajen con análisis de suelo y utilicen la asistencia técnica de los agrónomos y del Centro de Agricultura de Precisión para tener mejores rendimientos; hay cosas que no sabemos y que no entendemos, pero estamos dispuestos a aprender. Nosotros somos supervisados todo el tiempo por el gobierno, y estamos seguros de que le estamos dando al consumidor un arroz sano y de muy buena calidad”, finaliza don Miguel.

El proyecto financiado por SBD finaliza a mediados de 2018, sin embargo, el Centro continuará funcionando bajo un esquema de sostenibilidad financiera.

El CAP ofrece servicios al costo a los beneficiarios de la ley 9274. Y ya ha empezado a ser contactado por productores para realizar los levantamientos de agricultura de precisión en sus fincas.

Si estás interesado en obtener más información del Centro de Agricultura de Precisión, ubicado en EARTH LA Flor, contacta a José Eduardo Villalobos, al correo jvillalobos@earth.ac.cr o llama por teléfono al 2713-0486.

Si estás interesado en obtener más información del Centro de Agricultura de Precisión, ubicado en EARTH LA Flor, contacta a José Eduardo Villalobos, al correo jvillalobos@earth.ac.cr o llama por teléfono al 2713-0486.

 

Referencias utilizadas en la realización de este artículo: