Dignidad: la marea que nos eleva

Archivado en: Historias EARTH
Fecha: 28 de octubre de 2019

Frente a todos, una mujer habla. Lleva un vestido de colores y el pelo suelto. Como las 500 personas que la escuchan, ella sobrelleva los calores del trópico húmedo de Costa Rica mientras habla del frío de los polos. Se llama Melania Guerra — La Tica Polar. Es una científica oceanógrafa costarricense y la oradora invitada del Día Global de la Dignidad, celebrado en la Universidad EARTH el 2 de octubre del 2019.

Todos la escuchan, a ella y a las personas que durante el día, tomarán el micrófono para contar historias sobre dignidad; o para cantar canciones sobre la empatía, las luchas sociales, el respeto, la memoria colectiva; o para hacer trucos de magia y recordarnos que sonreír es un derecho y una necesidad de todos por igual.

Es el tercer año consecutivo en que la comunidad EARTHiana se reúne para conmemorar que la vida se debe regir en torno a los principios básicos de la dignidad. Junto a los estudiantes, a la facultad y funcionarios de EARTH, estudiantes del Colegio Académico de Jiménez, el Liceo de Pocora, el Colegio Técnico Profesional de Guácimo y el Colegio Científico CATIE-Sede EARTH acompañan cada una de las actividades.

Frente a todos, Melania explica a través de sus historias y experiencias, los 5 principios bajo los que se fundó la organización Global Dignity, hace 13 años. Cuenta sobre su infancia, sobre crecer en una época en la que los austronautas llegaban al espacio y los ciéntificos exploraban los rincones más encriptados y salvajes del planeta. Habla sobre los sueños, sobre querer saciar su curiosidad y descubrir el mundo a través de la ciencia. Melania estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad de Costa Rica. En su clase, había 4 mujeres y 350 hombres. No le costó mucho darse cuenta de que los que llegaban al espacio, los que caminaban por la luna, los que alcanzaban la cima del monte Everest y los que buceaban hasta el fondo del mar, eran todos hombres.

El primer principio de dignidad dice que las personas tienen el derecho de perseguir su propósito y significado en la vida, y de alcanzar su máximo potencial. Para poder cumplir este principio, Melania tuvo que crear un puente en una brecha de género que la pudo haber alejado de sus metas y sus sueños. Y así, creando puentes, fue como logró trabajar en la NASA, junto a Franklin Chang-Díaz, astronauta costarricense. Y así fue como logró llegar al Ártico y a la Antártica en diferentes misiones científicas.

Lucía Descarpontriez (Promoción 2019, Bolivia), estudiante de 4to año y lideresa de su clase, también habla frente a todos. Cuenta la historia de cómo de niña ella se quejaba porque no quería dibujar círculos y humitos de tren como lo indicaban los profesores del preescolar. Estaba pequeña, pero desde entonces, tenía una urgencia grande por aprender cosas nuevas del mundo, cosas importantes. Al hablar esto con el director del colegio, él, en vez de enviarla de vuelta a con su grupo de preescolar, la invitó a asistir a clases de historia. Con ese gesto, Lucía entendió que la dignidad no es un privilegio, es un derecho al que todos deberíamos de tener acceso. Es una condición que debería de ser parte de nuestras vidas desde que nacemos. Es una herramienta que nos impulsa a expandirnos para alcanzar la mejor versión de nosotros mismos.

El segundo principio menciona que toda persona merece vivir en sociedades que brinden acceso humano a la educación, la salud, los ingresos y la seguridad. Melania dice que cuando alguien tiene todo esto, significa que posee la libertad plena para tomar decisiones y salir de la zona de confort. Saltar al agua, dice ella, aunque el agua esté a -5 grados. Saltar al agua y meter el cuerpo entero para darnos cuenta de que a veces le tenemos más miedo a tomar una decisión que al reto mismo. “Tenemos que aprender a tomar riesgos de una forma intencional para que nos acerquen a los sueños que queremos cumplir”, dice con firmeza.

Una vez, en el 2015, Melania vio tantos barcos juntos en el círculo polar ártico que tuvo la sensación de estar viendo una ciudad flotante. Era de noche y su corazón se estremeció al ver la cantidad de embarcaciones que habían cambiado su curso para responder a una llamada de emergencia de la Guarda Costera de Canadá. Un barco con nueve pescadores había perdido el contacto. Los rescatistas no habían logrado localizar ninguna balsa de emergencias debido a una tormenta y a las condiciones del mar. Frente a la comunidad EARTHiana, Melania cuenta la regla marítima: cualquier embarcación que se encuentre a 100 millas a la redonda tienen la opción de decidir si quieren acudir al rescate o no. Atlantis, el barco en el que ella viajaba, se había desviado de su ruta y 10 horas después estaba ahí, junto a todos los que habían decidido hacer lo mismo por nueve personas desconocidas. Los pescadores fueron encontrados y ese mismo día regresaron a Canadá.

El principio número tres dice que la dignidad debe ser la directriz para todas nuestras acciones. Los capitanes y tripulantes de esas embarcaciones son un ejemplo claro de cómo hacer valer ese principio. Melania nos pregunta: “¿cuándo fue la última vez que nos salimos de nuestra rutina para ayudar a alguien? Para apoyar, proteger y salvaguardar la dignidad de otras personas. ¿Cada cuánto hacemos eso?

Cuando la primera sesión de plenaria se acaba, todos los participantes del día se dividen en grupos para hablar y discutir historias y temas relacionados con la dignidad. Los 19 facilitadores y facilitadoras se mueven por diferentes lugares con sus grupos, para generar espacios más íntimos, seguros y confiables en los que todos se sientan a gusto de compartir sus experiencias y puntos de vista.

El cuarto principio de la dignidad dice que todos tienen la responsabilidad de crear las condiciones para que otros realicen su potencial, actuando para fortalecer la dignidad de los demás, construyendo una base de libertad, justicia y paz para sí mismos y las generaciones futuras. En cada círculo de confianza generado durante el día, ese principio se cumple como base fundamental. Cada vez que una persona comparte una historia, se fortalece su dignidad y se crea un vínculo de empatía con los demás. Podemos ejecutar acciones para impulsar el potencial de otros, como el profesor de Lucía que la invitó a la clase de historia aunque ella tuviera corta edad. O como Diego Vargas, miembro de la fundación “Magos sin Fronteras”, que al inicio del día dibujó sonrisas en las caras de todos los participantes a través de su magia porque, según dice, eso es lo que él puede hacer desde su trinchera para dignificar la vida de los demás.

El quinto principio menciona que la dignidad en acción significa enfrentarse a la injusticia, la intolerancia y la desigualdad. Melania dice que estamos todos en el mismo barco. Dice que muchas veces, cuando sentimos amenazas, nos hacemos pequeñitos y nos alejamos. Sentimos que somos una isla. Dice que la verdadera revolución de nuestros tiempos es entender que no somos islas, sino tripulantes de un mismo barco y que, entonces, tenemos que resolver problemas de manera colectiva para mantener y preservar la dignidad de todos por igual.

Durante la segunda plenaria, Celeste Ureña (Promoción 2019, Costa Rica), nos recuerda que dignificar nuestras vidas significa huir de relaciones tóxicas por amor propio. Génesis Romero (Promoción 2022, Costa Rica) nos habla de su historia personal para invitarnos a querernos enteros, tal y como somos, sin importar lo que el mundo a nuestro alrededor diga. Roly William Choque (Promoción 2021, Bolivia), nos dice que no estamos solos, que acudir a los demás cuando lo necesitamos también es un acto de dignidad, amor y respeto.

En el mundo de la oceanografía se dice que una marea que sube, levanta a todos los barcos. La dignidad es esa marea que nos eleva y nos abraza. Es esa marea que nos permite estar a la misma altura, uno frente a otro, para vernos a los ojos y reconocernos, respetarnos y amarnos.