Cruzar fronteras para cambiar al mundo

Archivado en: Historias EARTH
Fecha: 29 de enero de 2021

Hace ocho años, Atong Akoi Akom (Promoción 2024, Sudán del Sur) dejó su casa. La dejó junto a los casi dos millones de personas que huyeron de Sudán del Sur, la nación más joven del mundo, cuando un nuevo conflicto armado reventó a finales del 2013. Huir no es fácil, nunca lo ha sido. Huir para encontrar refugio en otra parte trae consigo una cadena de sacrificios constantes. Y huir desde un país que se caracteriza por la bondad de su gente, pero también por ciclos de violencia que parecen infinitos, es un acto de valentía y de supervivencia. Atong todavía era una niña cuando tuvo que caminar por días, en silencio y con el estómago vacío, para cruzar fronteras junto a su familia y pedir asilo en Kenia.

Portrait of Atong.

Portrait of Atong.

Hace unas semanas, ella volvió a cruzar fronteras, esta vez en avión: de Nairobi a Estambul, de Estambul a Bogotá, de Bogotá a Ciudad de Panamá, de Panamá a San José. Después de tres días de viaje, Atong está en Costa Rica, lista para comenzar una aventura de cuatro años en EARTH que la convertirán en una profesional íntegra y en una mujer ejemplar. Ya lo es: Atong Akoi es una joven refugiada que ha visto con sus ojos actos inhumanos, pero también ha sido testigo de la generosidad y la empatía de otras personas que le han dado una mano. Ese es su motor, convertirse en una profesional que lucha por mejorar las condiciones de vida de su gente.

Atong con su familia.

Atong con su familia.

“Aunque muchos creían que como mujer y como refugiada no tenía oportunidades y que debía cumplir con un rol más tradicional, yo quería seguir estudiando y así fue como llegué a un anuncio de EARTH. Cuando fui admitida, la Fundación Mastercard me dio una beca completa y eso me quitó de encima todas las barreras que tenía interpuestas. Ganar esta beca significa una ayuda que es directamente para mí pero que me va a permitir ayudar a otros en la comunidad de la que vengo. Yo voy a tener las herramientas para dar una mano a otros estudiantes para que puedan alcanzar sus metas, así como tantas personas me han ayudado a mí a cumplir las mías”.

Atong prometió a su madre continuar sus estudios y luchar por sus sueños. Este collar es un recordatorio de su promesa.

Atong prometió a su madre continuar sus estudios y luchar por sus sueños. Este collar es un recordatorio de su promesa.

Desde antes de huir de su país, la vida de Atong era complicada. Su padre había sido tomado por el ejército y nunca regreso a casa. En un entorno sumamente violento contra los derechos de las mujeres, su madre fue forzada a casarse otra vez. Atong y su hermana menor se fueron a vivir con una tía que las ha criado desde entonces, aunque ambas mantienen una relación estrecha con su madre. Al llegar a Kenia después de una travesía larga y peligrosa, su familia se asentó en el Campo de Refugiados Kakuma, uno de los más grandes del mundo y en el que habitan personas de más de 10 nacionalidades, todos forzados a movilizarse de sus países de origen por la guerra, la persecución, los efectos del cambio climático, el hambre y la violencia.

La vida en Kakuma es retadora, principalmente para una mujer joven con sueños grandes. Según Atong, en las escuelas puede haber clases con más de cien estudiantes y un solo maestro. El hacinamiento complica la vida social, la salud, el desarrollo y la educación de todos los habitantes, principalmente en el contexto actual mientras el mundo entero se enfrenta a una pandemia. Los recursos básicos como el agua, los alimentos y la electricidad también son limitados. Para encontrar una solución a muchos de estos problemas, Atong junto con otros jóvenes de su comunidad, dieron forma a Vijana Twaweza Club, una iniciativa que procura trabajar por la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.

“Como parte del proyecto, tenemos un pequeño terreno en el que sembramos diferentes tipos de cultivos y otro espacio que utilizamos para la pesca. Soy una de las pocas chicas que se mete al agua a pescar. Cuando sacamos cosechas, vendemos una parte para poder comprar todo lo que necesitamos para el siguiente mes, como semillas y herramientas. Otra parte de la cosecha la entregamos a las y los adultos mayores de la comunidad. Con el pescado hacemos lo mismo y también damos una parte a los miembros del proyecto”.

Vijana Twaweza Club en Kakuma.

Vijana Twaweza Club en Kakuma.

Atong siempre ha sido una joven que busca el crecimiento individual pero también común. Por su dedicación al estudio, realizó la secundaria en Morneau Shepell, una institución que busca dar educación de la mejor calidad a las niñas de Kakuma, porque ahí, entre todos los problemas cotidianos, la igualdad de género es uno de los retos más grandes. Esa oportunidad le permitió soñar todavía más.

“Tengo tantos sueños: quiero tener siempre un cuerpo sano que me permita experimentar todo lo bueno de la vida, que me permita trabajar duro para alcanzar todas mis metas; quiero ser una persona que se puede adaptar y calzar en cualquier tipo de sociedad, el tipo de persona que el mundo necesita para ser mejor, quiero tener siempre mentores que me den soporte, que me nutran de conocimientos, que me corrijan y me den consejos; quiero poder sacar a mi familia adelante, ser un sostén económico para ellos, han sacrificado mucho por mí, quiero que sean felices y que nunca les falte nada; quiero también ser una persona que puede ser fuerte y vulnerable, que se puede enfrentar a cualquier reto y siempre poner una sonrisa en las caras de los demás”.

Tras una larga espera, Atong se encuentra por fin en el Campus de Guácimo.

Tras una larga espera, Atong se encuentra por fin en el Campus de Guácimo.

En Kakuma viven cerca de 180 mil personas, de las cuales, un 75% tiene menos de 25 años. En una población tan joven, con historias tan diversas y tan duras, es esencial que mujeres como Atong tengan una oportunidad como esta, una oportunidad de resurgir, de aprender, de avanzar, de crecer. Una oportunidad que le permita a ella alzar la voz de otros y otras, de cambiarles la vida a través de las herramientas humanas y los conocimientos técnicos que la Universidad le dará durante los próximos años.

Atong, ¡bienvenida a tu nueva casa!

¡Desde ya estamos orgullosos de tí!

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